Las bibliotecas SÍ dan dinero. Literalmente.

Posted on 5 de enero de 2015 por

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Real Decreto 624/2014, de 18 de julio, por el que se desarrolla el derecho de remuneración a los autores por los préstamos de sus obras realizados en determinados establecimientos accesibles al público. El preámbulo habla del “perjuicio causado a los autores” por el préstamo de sus obras, como podemos ver a continuación:

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¿El perjuicio?

¿En serio?

En el debate abierto sobre el canon por préstamo y la disminución de presupuesto que va a suponer para las bibliotecas los Durga queremos destacar un aspecto de la cuestión que es habitualmente esgrimido por los que se oponen al canon: la labor de promoción de la lectura, el libro y los autores que llevan a cabo las bibliotecas, además de garantizar larga vida a sus obras.

Sandra Cisneros

Imagen: “Sandra Cisneros firma sus libros”. Origen: Flickr. Licencia CC: BY, autor Embajada de EEUU en la Argentina.

Efectivamente, además de otras muchas acciones a favor de la literatura –animación, guías, clubes de lectura, etc.- las bibliotecas han sido y siguen siendo el lugar natural de los encuentros entre autores y lectores.

Tradicionalmente estos encuentros vienen siendo organizados por las bibliotecas en gran número pero, desgraciadamente, no encontramos datos fiables a partir de los que poder comprobar qué volumen de gasto ha invertido el conjunto de las bibliotecas públicas españolas en la organización de este tipo de actividades. Por eso hemos decidido aventurar algunas cifras basándonos, eso sí, en un muestreo real extraído de diversas fuentes como las memorias de actividad que algunas bibliotecas cuelgan en sus páginas web, las declaraciones de bibliotecarios y gestores culturales y el sentido común.

Hemos centrado los cálculos en 2009, el último año de bonanza para los presupuestos bibliotecarios o, más bien, el año en que comenzaron a entrar en barrena. Precisamente lo elegimos como el último año en que las bibliotecas públicas dispusieron de presupuestos razonables y analizaremos en qué emplearon el dinero cuando todavía invertían una cantidad adecuada de lo recaudado mediante impuestos.

En 2009 había en España unas 5.000 bibliotecas. Tras ese somero examen de las memorias de actividad expuestas en la red comprobamos que la mayoría de las consultadas sí ha organizado encuentros con autores; unos percibían honorarios por ello y otros no. Si atendemos a las cifras oficiales de ese año, el Ministerio de Cultura nos dice que 4.113 bibliotecas públicas del país organizaron 131.790 actividades, aunque no sabemos cuántas fueron del tipo que nos interesa. La estadística del Ministerio de Cultura sólo revela que las 53 bibliotecas públicas del Estado ofrecieron 3.767 actividades de literatura y poesía (¿y poesía?) y 620 conferencias: 4.387 actividades de las que muchas, podemos aventurar con cierta certeza, serían encuentros con autor*.

Haremos un cálculo poco arriesgado: supongamos que un 20 % de las bibliotecas ha organizado este tipo de actividades abonando una cantidad a los autores en concepto de honorarios. Eso hace un total de 1.000 bibliotecas, hemos quitado de un plumazo 4.000.

A la vista de los datos que nos ofrecen las referidas memorias, también podemos suponer prudentemente que esas 1.000 bibliotecas no han organizado una única visita de autor a lo largo del año por lo que vamos a establecer una media de 4 encuentros anuales. Unas habrán realizado seis y otras dos. No es aventurado suponer que de las 131.790 actividades 4.000 han sido encuentros con autor.

Por último, basándonos en la información que nos han facilitado aquellos bibliotecarios y gestores culturales de los que hablábamos, creemos razonable establecer en 500 € la cantidad media que las bibliotecas abonaron a los autores en concepto de honorarios. Quizá hayamos extremado aquí la prudencia porque tenemos constancia de que en 2009 la cantidad era significativamente mayor pero nos sirve para establecer un cálculo a la baja y para compensar las diferencias en el caché de los autores.

Las cuentas salen claras:

Cálculo del coste de las visitas de autor

Cálculo del coste de las visitas de autor

ERGO: las bibliotecas públicas SÍ dan dinero.

Tanto que si quisiéramos jugar con esas cifras podríamos decir -sin ánimo de soliviantar a nadie- que las bibliotecas públicas españolas, según el sueldo medio del ciudadano español en 2009 (22.511,47 €), pagaron tanto como para sufragar la supervivencia digna de 89 escritores (ingresos por venta de sus obras aparte). O que su gasto en encuentros con autor, teniendo en cuenta el SMI de los españoles en 2009 (8.736 €), podría haber cubierto a 229 autores.

Y, lo mejor:

– Con ese dinero, procedente del bolsillo de los ciudadanos, no se pagó por obras que estuvieran en el dominio público

– Además fue directamente a la cuenta de cada autor, sin más descuentos que las obligaciones fiscales que tiene todo el mundo

– Las cuales, teniendo en cuenta que la retención estipulada para 2009 era del 15%, supusieron una entrega a la hacienda del Estado de 300.000 €

– Y no olvidemos que todo ese gasto se hizo para PARA PROMOCIONAR LAS OBRAS DE LOS AUTORES VISITANTES.

Dejaremos para otro día la estimable cuestión de que con ese gasto también se dinamizó el sector del transporte, la hostelería, agencias de viajes, etc. Asimismo dejaremos para otro día la cuantificación económica de lo que hubiera supuesto PAGAR esa ingente campaña de promoción de obras y autores por todo el territorio nacional.

Una vez realizados estos cálculos sobre los  ingresos recibidos por los autores directamente de las bibliotecas, pasemos a examinar qué consiguieron los autores por parte de la principal agencia recaudadora del canon por préstamo.

En 2009 CEDRO recauda 279.805,07 € en concepto de préstamo público debido a que “la mayoría de las instituciones obligadas al pago no hacen efectiva su responsabilidad”. Sea como fuere, y aunque sean conceptos distintos, está claro que las bibliotecas públicas hicieron llegar a los autores más dinero y de un modo más justo y efectivo.

Naturalmente, de ese dinero CEDRO descontó una parte como gastos de gestión antes de distribuirlo por ese medio tan curioso que ha mencionado en su blog Julián Marquina. Por si esto fuera poco, y aunque creemos que es de dominio público, es bueno recordar que los autores reciben de las editoriales, en concepto de derechos de autor, entre un 8 y un 10 % del precio de cada ejemplar vendido. Estamos hablando de que para conseguir esos 500 € que hemos supuesto que las bibliotecas pagaban de media, cada autor habría de vender casi 400 ejemplares (13,17 € es el precio medio del libro que da la Federación de Gremios de Editores para 2009) . A esto hay que sumar que muchos de nuestros autores entregan un 10% de sus beneficios a sus agentes literarios.

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Imagen: “What’s That!” Origen: Flickr. Licencia CC: BY-NC-ND, autor Phillip Ingham

Por eso creemos llegado el momento de preguntar de nuevo

¿Perjuicio? ¿En serio?

Lo que sí sabemos (por lógica y, ya en 2014, por comprobación empírica) es que cuando llegan los recortes de presupuesto la vanguardia que se envía ante la tijera está formada por las actividades culturales. Como es normal, hay que mantener -si es posible- el nivel de adquisiciones, el personal al servicio de los usuarios y otros gastos absolutamente imprescindibles.

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Imagen: “Pay at meter”. Origen: http://www.geograph.org.uk. Licencia CC: BY-SA, autor Bill Nicholls

Tan sólo nos quedan preguntas:

¿Quién pierde con la crisis?

La descapitalización de las bibliotecas públicas

¿Se compensará con la recaudación del canon?

Y, sobre todo,

¿Alguien se atreve a cuantificar con rigor cuánto han perdido los autores con los recortes en las bibliotecas públicas?

Imagen: “Insert coin”. Origen: Flickr. Licencia CC: BY-SA, autor Andy

Imagen: “Insert coin”. Origen: Flickr. Licencia CC: BY-SA, autor Andy

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*Nota de uno de los redactores: sería deseable que el Ministerio hiciera un esfuerzo por reformar los cuestionarios de recogida de datos con respecto a las actividades culturales en las bibliotecas públicas, fundamentalmente habría que determinar y homologar los conceptos a que se refieren los distintos ítems para facilitar la labor de responder dichos cuestionarios y, sobre todo, para dar utilidad a esa parte de la estadística.

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